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Archive for 16 septiembre 2011

RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 23-

EL ESPIRITU NOS HABLA

Pero cuando venga el Consolador, a quien Yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, El dará testimonio acerca de mí” (Juan 15:26).

El Señor ha condescendido en darle a usted la efusión de su Santo Espíritu. ¿Cómo Cristo puede subyugar a su pueblo escogido? Por el poder de su Santo Espíritu. A través de las Escrituras es que Dios habla a la mente e imprime la verdad en los corazones de los hombres.

Antes de la crucifixión, Cristo prometió a sus discípulos que les enviaría al Consolador, Dijo: “Pero Yo os digo la verdad: Os conviene que Yo me vaya; porque si no me fuese, el Consolador no vendría a vosotros; más si me fuere, os lo enviaré. Y cuando El venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:7, 8). “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, El os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (vers. 13, 14).

Al haberse minimizado la promesa de Cristo, y a causa de la escasez del Espíritu Santo, la espiritualidad de la ley y sus eternas obligaciones no han sido comprendidas. Los que profesan amar a Cristo no han captado la relación que existe entre ellos y Dios, y su comprensión aún permanece en la oscuridad. Vagamente entienden la admirable gracia de Dios, quien dio a su Hijo unigénito para salvar al mundo.

Tampoco captan lo distante que están de las exigencias de la santa Ley, y cuán intimamente deben ser asimilados sus preceptos para que se manifiesten en la vida práctica. No han visto cuán grande es la necesidad y el privilegio de orar, de arrepentirse y de aceptar las palabras de Cristo.

Es responsabilidad del Espíritu Santo dar a conocer el modelo de consagración que Dios acepta. Mediante el Espíritu Santo, la persona es iluminada, y el carácter es renovado, elevado y santificado.

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RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 22-

EL ESPIRITU NOS VISITA

En El también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de nuestra salvación, y habiendo creído en él, fuistes sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13).

Mediante la profunda acción del Espíritu de Dios los creyentes habrán de encarar los más fieros asaltos del enemigo, quien los presionará con tentaciones destinadas a neutralizar la obra del Espíritu de Dios. Su propósito es impedir que las importantes verdades presentadas por el Espíritu Santo purifiquen y santifiquen a los que recibieron la luz celestial, y para que Cristo no pueda ser glorificado en ellos.

La oportunidad de contar con una mayor luz celestial, no es apreciada como sagrada, ni se le permite actuar, y ésto producirá oscuridad espiritual. Además, si el creyente no valora las impresiones hechas por el Espíritu de Dios, desaparecerá de la mente el terreno santo que ocupaba.

Los que estén dispuestos a realizar avances en su conocimiento espiritual, deben permanecer junto a la fuente de Dios para beber una y otra vez del pozo de la salvación que les ha sido abierto gratuitamente. Nunca deben abandonar este manantial que refresca, para que su corazón, pletórico de gratitud y amor, sea un exponenete de la bondad y de la compasión de Dios. Continuamente deben beber del líquido vital.

Más os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis” (Juan 6:36). En el caso de muchos, esto se ha cumplido literalmente. A pesar de que el Señor les ha dado a conocer la verdad, les ha mostrado su carácter misericordioso y los ha iluminado, se vuelven incrédulos y no les importa todas esas manifestaciones de compasión y amor.

Percibieron la profunda obra del Espíritu de Dios; sin embargo cuando fueron objeto de la tentaciones insidiosas de Satanás, que generalmente ataca después de un período de reavivamiento, no resistieron la prueba hasta la muerte. Por no compartir la luz que recibieron, pudiendo haber estado en terreno ventajoso, fueron aplastados por el enemigo. Deberían haber obrado y procedido en armonía con las sagradas revelaciones del Espíritu Santo, pero, al no hacerlo, sufrieron gran pérdida.

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RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 21-

EL ESPIRITU SE MUEVE EN NUESTRO MEDIO

 “En ésto conocemos que permanecemos en El, y El en nosotros, en que nos ha dado de su Espirítu” (1Juan 4:13)

 

Aunque no podamos ver al Espíritu de Dios, sabemos que bajo su acción el hombre, que está muerto en transgresiones y pecados, es convencido y convertido. El descuidado y díscolo llega a ser serio.

El endurecido se arrepiente de sus pecados, y el que no tiene fe se hace creyente. El jugador, el borrachín y el licencioso se vuelve firme, sobrio y puro. El rebelde y obstinado llega a ser dócil y semejante a Cristo. Cuando observamos estos cambios, podemos estar seguros de que el poder transformador de Dios ha convertido a esa persona.

No vemos al Espíritu, pero sí es posible captar las evidencias de su obra que cambia el carácter del más endurecido y obstinado de los pecadores. Así como el viento mueve con su fuerza al más elevado de los árboles y los derriba, del mismo modo el Espíritu Santo puede actuar en el corazón humano, sin que ningún hombre finito pueda circunscribir la obra de Dios.

Su Espíritu se manifiesta en cada persona de maneras diferentes. Aunque algunos tiemblen ante el poder de Dios y el de su Palabra, sus convicciones llegan a ser tan profundas que, aún cuando estalle en su corazón un huracán o una agitación de sentimientos, su ser entero se postra inconmovible ante el poder convincente de la verdad.

Cuando el Señor perdona al pecador arrepentido, éste se llena del amor de Dios, de fervor y de energía. Al ser recibido, el Espíritu que da vida no puede ser reprimido.

Cristo en él es una fuente de agua que brota para vida eterna. Sus sentimientos de amor son tan hondos y ardientes como lo fue su angustia y agonía. Se asemeja a una fuente profunda que se rompe y se derrama en acción de gracia y alabanza, en agradecimiento y felicidad; hasta las arpas celestiales sintonizan con sus notas de regocijo. La historia que tiene para relatar no la cuenta de un modo, conciso, común y metódico. Es un creyente rescatado por los méritos de Cristo Jesús, y su ser entero se conmueve con la realización de la salvación de Dios.

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RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 20-

EL ESPIRITU NOS HACE HIJOS DE DIOS

 “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Rom.8:14)

 

Cristo ocupó su lugar entre los hombres como oráculo de Dios. Habló como quien tiene autoridad, dirigiéndose a la gente con expresiones vigorosas, y exigiendo fe implícita y obediencia. Como pueblo, hemos fundamentado nuestra fe sobre principios establecidos en la Biblia. También empeñamos mente y corazón para obedecer la Palabra de vida, y para seguir un “Así dice el Señor”.

Toda nuestra esperanza presente y futura depende de nuestro parentesco con Cristo y con Dios. Pablo se expresa con vigor para confirmar nuestra fe al respecto. A quienes son guiados por el Espíritu de Dios en cuyos corazones habita la gracia de Cristo, el apóstol les dice:

 

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos, si es que padecemos juntamente con El, para que juntamente con El seamos glorificados” (Rom.8:16,17). “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Rom.8:15).

Somos llamados por Cristo para salir del mundo con el propósito de ser diferentes. Fuimos convocados para practicar la santidad, teniendo nuestro corazón continuamente cerca de Dios y al Espíritu Santo permaneciendo en nosotros. Todo verdadero creyente manifestará con sus hechos que la gracia del amor de Cristo está en su corazón. Donde una vez hubo manifestaciones de la naturaleza carnal, ahora se verán los atributos divinos.

Sus hijos deben llegar a ser obreros de la justicia y buscar al Señor en forma continua para que le agrade hacer su voluntad. Esto los hará completos en Cristo. Con sus vidas manifestarán a los ángeles, a los hombres y a los mundos no caídos que han sido conformados a la voluntad de Dios y que son leales adherentes de los principios de su reino.

Habitando el Espiritu Santo por la fe en sus corazones, entraran en relacion con Cristo. Con sus vidas manifestaran a los angeles, a los hombres y a los mundos no caidos que han sido conformados a la voluntad de Dios y que son leales adherentes de los principios de su reino. Habitando el Espíritu Santo por la fe en sus corazones, entrarán en relación con Cristo y los unos con los otros. Asi se producirán en ellos los preciosos frutos de la santidad.

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RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 19-

EL ESPIRITU INTERCEDE POR NOSOTROS

 Más el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos” (Rom.8:27)

 

Para aproximarnos a Dios tenemos un solo canal. Nuestras oraciones pueden acceder a El por intermedio del único nombre: el de Jesús, nuestro abogado. El Espíritu debe inspirar nuestras peticiones. En el santuario, ningún fuego extraño era utilizado en los incensarios que se agitaban delante de Dios.

Siendo así, unicamente el Señor puede encender un deseo ardiente en el corazón, si es que deseamos que nuestras oraciones resulten aceptables. El Espíritu Santo es el que debe hacer la intercesión en nuestro favor, y la realiza con gemidos que nadie puede reproducir.

Un profundo sentido de la necesidad, y un gran deseo de recibir lo que pedimos, debe caracterizar a nuestras oraciones; de lo contrario, no serán escuchadas. Sin embargo, no deberíamos cansarnos de expresar nuestras plegarias porque no recibimos una respuesta inmediata.

“El reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan” (Mat.11:12).

Esta violencia quiere decir ahínco santo, semejante al que manifestó Jacob. No es necesario que intentemos producir en nosotros una emoción intensa. En nuestras peticiones debemos insistir ante el trono de la gracia en forma tranquila y persistente.

Tenemos que humillarnos delante de Dios, confesar nuestros pecados y con fe acercarnos a El. El Señor respondió las peticiones de Daniel, no para que él se ensalzara, sino para que la bendición pudiera reflejar la gloria de Dios. El designio del Señor es darse a conocer mediante su providencia y su gracia. Las oraciones son para glorificar a Dios y no para nuestra exaltación personal.

Cuando consideremos que somos débiles, ignorantes y desvalidos, como realmente somos, nos acercaremos a El como humildes suplicantes. El desconocimiento de Dios y de Cristo crea el orgullo y la justificación propia. El infalible indicador de que el hombre no conoce al Señor es su sentimiento de que es grande o bueno.

El corazón orgulloso siempre estará asociado con la indigencia. Cuando a Daniel se le dio a conocer la gloria divina, exclamó: “No quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambio en desfallecimiento” (Dan.10:8).

Cuando el ser humilde que busca a Dios ve como El es, al instante se verá a sí mismo como Daniel. En lugar de la vanidad humana, desarrollará un profundo sentido de la santidad de Dios y de la justicia de sus exigencias. El fruto de esta experiencia se manifestará en una vida de renunciamiento propio y de sacrificio personal.

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RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 18-

EL ESPIRITU ES NUESTRO AYUDADOR

 El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues que hemos de pedir como conviene no lo sabemos, pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).

El Espíritu Santo formula toda oración sincera. Su mediación siempre estará fundamentada en la voluntad de Dios, y nunca tendrá el propósito de avalar lo que está en contra de sus designios. “El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad” (Rom.8:26). Siendo Dios, el Espíritu conoce la mente del Altísimo.

Por lo tanto, en cada oración, ya sea en favor de los enfermos u otras necesidades, la voluntad de Dios ha de ser respetada. “Quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así también nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1Cor.2:11).

Si deseamos ser enseñados por Dios, deberemos orar conforme a su voluntad revelada, y estar dispuestos a someternos a sus designios, porque los desconocemos. Cada súplica debe estar de acuerdo con los deseos de Dios, confiando en su preciosa Palabra, y creyendo que Cristo se dio a sí mismo por sus discípulos. El registro dice: “Y habiendo dicho ésto, sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Juan 20:22).

Jesús está esperando soplar sobre todos sus discípulos con el propósito de darles la inspiración santificada de su Espíritu y transmitir a su pueblo su propia influencia vitalizadora. También desea que entendamos la imposibilidad de servir a dos señores. Nuestros intereses no pueden estar divididos. Cristo quiere vivir y actuar por intermedio de las facultades y habilidades de sus agentes humanos.

La voluntad debe cooperar con la suya y actuar con su Espíritu, puesto que ya no son ellos los que viven, sino Cristo en los suyos. Jesús desea grabar en sus hijos la idea de que, al darles el Espíritu Santo, les concede la misma gloria que el Padre le había dado, para que El y su pueblo sean uno con Dios. Nuestros deseos y nuestra voluntad deben estar sujetos a la suya, puesto que El es Justo, Santo y Bueno.

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RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 17-

LLUVIAS DE GRACIA

Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía. Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante, y hierba verde en el campo a cada uno” (Zacarías 10:1)

En el Oriente, la lluvia temprana cae al tiempo de la siembra. Es necesaria para que la semilla pueda germinar. Por efecto de la fertilizante lluvia, los tiernos brotes se desarrollan. La última precipitación, que ocurre al fin de la temporada, madura el grano y lo prepara para la cosecha.

El Señor utilizó este proceso natural con el fin de representar la obra del Espíritu Santo. Como el rocío y la lluvia primero producen la germinación de la semilla y después la maduración del grano para la cosecha, del mismo modo el Espíritu Santo tiene la misión de producir, de una etapa a otra, el crecimiento espiritual.

La maduración del grano representa la culminación de la obra de la gracia de Dios en el creyente. En virtud de la acción del Espíritu Santo la imagen moral de Dios se perfecciona en el carácter. Hemos de ser totalmente transformados a la semejanza de Cristo.

Muchos han errado en gran manera al no recibir la lluvia temprana. No han obtenido todos los beneficios que Dios ha provisto para ellos. Esperan que su falta será suplida por la lluvia tardía. Tienen la intención de abrir el corazón para recibirla cuando sea concedida la generosa abundancia de la gracia. Pero incurren en un terrible error.

La obra de Dios, que comienza en el corazón al momento de conceder su luz y conocimiento, debe crecer continuamente, Cada persona necesita descubrir su propia carencia. Para que pueda habitar el Espíritu en el corazón, este debe ser vaciado y purificado de toda contaminación.

Solo mediante la confesión y el abandono del pecado, la oración ferviente y la consagración a Dios, los discípulos pudieron estar preparados para el derramamiento del Espíritu Santo en el dia de Pentescostés. Una obra semejante, pero en un grado superlativo, debe hacerse ahora. Luego, lo único que necesita realizar el agente humano es solicitar la bendición, y esperar que el Señor lo perfeccione. Es Dios quien comienza y termina la obra que hace al creyente completo en Cristo Jesús.

Sin embargo, no debemos ser descuidados con la gracia representada por la lluvia temprana. Unicamente los que viven en armonía con la iluminación obtenida, recibirán más luz. A menos que avancemos diariamente en la ejemplificación de las activas virtudes cristianas, no estaremos en condiciones de reconocer la manifestación del Espíritu Santo en la lluvia tardía. Alrededor, otros corazones la podrán estar recibiendo, pero nosotros no lo advertiremos ni la recibiremos.

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